15
Jun
07

Colectivos: menos vehículos, más pasajeros, peor servicio.

por Clarin.com

Los horarios no se cumplen, las paradas no se respetan y los coches, subsidiados, son viejos. Clarín lo comprobó en las calles. El defensor del Pueblo y la Auditoría General de la Nación señalan al ente regulador.

El frío enrojece la nariz de Nancy, que a las 7.20 salió de su casa de Wilde para tomar el colectivo que la lleve hasta su trabajo, en el microcentro porteño. Hasta hace dos meses viajaba en el tren, pero, según dice, “dejé de tomarlo porque ya no podía saber si salía, si llegaba, ni a qué hora. Mucha gente que yo veía en la estación hizo lo mismo, porque los retrasos y cancelaciones le hacían perder el presentismo. Pero los colectivos son otro desastre. Viejos, repletos de gente y con un servicio pésimo: a veces ni siquiera se detienen en las paradas”, suspira.

 

Desmintiendo las promesas de mitigar la crisis del tránsito porteño fomentando el uso del transporte público, los usuarios vienen haciendo saber su opinión con respecto a la calidad de ese servicio. En diciembre pasado un grupo de pasajeros de tren que quedaron varados sobre las vías se manifestó violentamente con algunos destrozos en la estación Constitución, hace 26 días la cancelación de otro tren convirtió esa misma estación en un campo de batalla con incendios, pedradas y desmanes que terminaron con 21 personas heridas, y la semana pasada los problemas con el servicio de subte y de trenes causaron otros disturbios y fogatas en dos estaciones. Por cómo viajan, los usuarios de colectivos también podrían explotar.
Como Nancy, según el INDEC cuatro millones y medio de personas van y vuelven cada día de sus trabajos subiéndose a los 9.200 vehículos de las 136 líneas de colectivos que circulan por las calles de la Capital y el Gran Buenos Aires. Y, como Nancy, tampoco están conformes con la calidad del servicio. ¿Usted está entre ellos? Es fácil responderlo. Lea el siguiente punteo de obligaciones de las empresas y los choferes para con sus pasajeros:

Respetar la parada establecida, deteniendo el vehículo junto a la acera y paralelo al cordón.

Respetar el recorrido.

Permitir a los pasajeros subir y bajar del vehículo en todas las esquinas entre las 22 y las 6, y los días de lluvia.

Cumplir con una frecuencia mínima de un servicio cada 15 minutos entre las 22 y las 24, y de uno cada 30 minutos de 0 a 4.

Tratar con respeto y consideración a los usuarios.

Conducir en forma prudente, respetando las normas de tránsito y la velocidad autorizada.

No abandonar el puesto de conducción durante el servicio.

Respetar la prohibición de escuchar radio y de fumar.

Cumplir y exhibir el recorrido, los horarios y las tarifas.

Prestar el servicio en vehículos autorizados y sometidos a revisiones técnicas cada seis meses.

Respetar el nivel permitido de gases contaminantes y ruidos.

La responsabilidad de controlar el servicio de los colectivos es de la Comisión Nacional de Regulación del Transporte que no respondió las consultas de Clarín. Una fuente con acceso a algunos datos del organismo confió que, durante 2006, uno de cada once colectivos controlados en la calle estaba en infracción, que fueron paralizados 488 vehículos y retenidos 288, por la gravedad de las faltas.

Sin poder de sanción, el Ente Regulador de los Servicios Públicos de la Ciudad también realiza controles. Uno de sus directores, el arquitecto Miguel Von Rozenberg, asegura que este año se practicaron sobre 61 líneas. El Ente le avisa a la CNRT de las operaciones que hace, y a la vez informa a las empresas. “Pero tengo entendido que ninguna empresa de colectivos es sancionada por la Comisión”, estima Von Rozenberg. “Las faltas más recurrentes fueron no respetar la frecuencia nocturna ni las paradas, no detenerse en todas las esquinas por las noches, circular con las puertas abiertas, no arrimarse al cordón, estar con los motores encendidos en las cabeceras, y la falta de higiene de los vehículos”, explica.

Viernes helado en Constitución, 18.50. Una ola de trabajadores sube y baja de los colectivos para regresar a su casa. Entre ellos, que corren, saltan y se deslizan por las dársenas, hay de todo: algunos vehículos flamantes, otros muy viejos y hasta oxidados, ruidosos y oscuros como cuevas rodantes. Y colectivos truchos. Muchos, destruidos, que se acomodan sobre Lima este para engullirse hasta el último de los pasajeros que se retuercen en colas interminables. “Viajamos apretados como animales. Pero los tomo igual, porque son más baratos. Si no, no podría venir a trabajar”, cuenta Antonio, que espera llegar a Florencio Varela.

Clarín elige un clásico, el 60. Toca el interno 109, que abordamos a las 19.03. El coche es bastante nuevo y tiene buena luz, pero enseguida asoman las primeras faltas: el chofer está escuchando la radio, jamás se acerca a menos de dos metros de la vereda para cargar pasajeros, y el vehículo no tiene las tablas con los horarios. A las 19.40, en Plaza Italia, sigue de largo ante un semáforo en rojo, y media hora después circula a toda velocidad por el acceso Norte. Imposible saber a cuánto: el velocímetro está roto. A las 20.30 llega a San Isidro. Alrededor del 60, la niebla se confunde con el renegrido humo de otros colectivos locales. Nadie parece sorprenderse.

La contaminación es otra de las deudas del decadente servicio de colectivos, y una muestra elocuente del desprecio por los controles. Un ejemplo: sobre todos los vehículos sancionados por los organismos porteños de medio ambiente en los últimos dos años a causa del humo negro y el ruido que emitían, 202 de ellos fueron señalados más de una vez. Hay 34 unidades con tres penalidades, 7 con cuatro y, con el récord, dos que fueron reconvenidas cinco veces por el humo contaminante que irradiaban: el interno 102 de la línea 32 y el interno 61 de la línea 93. Se desconoce si la CNRT los multó.

Hay otros agujeros. En un flamante informe, la Auditoría General de la Nación demuele la tarea del ente regulador con respecto a la seguridad de los colectivos. Según la AGN, los controles que realizan los talleres de revisión técnica “carecen de exactitud para garantizar la seguridad necesaria de los vehículos”. La Auditoría también denuncia que el ente regulador no sanciona las deficiencias que sus propios técnicos constataron en los talleres, que las pocas sanciones que aplica llegan con una “demora excesiva”, y que los prestadores médicos que deben realizar los exámenes a los choferes son controlados en forma “irregular e incompleta”. Pero hay más. Según el informe, en un año la CNRT sólo había controlado el estado psicofísico de los choferes de 15 de las 136 líneas urbanas. ¿Un detalle? Los controles no incluían exámenes de alcoholemia.

Mientras los pasajeros siguen penando, las empresas que los desatienden reciben millonarios subsidios estatales (ver Antecedentes…). En una resolución fechada hace un mes, el defensor del Pueblo de la Nación, Eduardo Mondino, reclama a la Secretaría de Transporte que convoque a una urgente audiencia pública para analizar la calidad del servicio de colectivos y “discutir la equidad y transparencia de los subsidios otorgados”. Para el funcionario, el sistema “atraviesa una crisis institucional, funcional y estructural”. Mondino también denuncia “una absoluta falta de control por parte de la CNRT“. Y para justificar tan duras palabras, aporta dos datos:

“A pesar de que desde 1998 las empresas reciben subsidios millonarios para mejorar el parque automotor, sólo el 58% lo hizo.”

“Los subsidios fueron entregados a pesar de la mala prestación de los servicios: sobre 25.849 colectivos urbanos controlados, se labraron 7.961 infracciones. Una incidencia de 30,8 por ciento.”

Pero los empresarios, beneficiarios de esos fondos, también se quejan. Según afirman cuatro de las cámaras que los agrupan, todo este descalabro se explica en el congelamiento del precio de los boletos, fijos desde diciembre de 2000. Esto, dicen, “descapitalizó a las empresas que desde entonces tuvieron que afrontar varios aumentos de salarios, mientras los precios de los vehículos nuevos se triplicaron”. Nancy, Antonio y millones de usuarios esperan en las esquinas. Un colectivo. Y una solución.

Anuncios

0 Responses to “Colectivos: menos vehículos, más pasajeros, peor servicio.”



  1. Dejar un comentario

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: